Comentario Nº 89, 15 de mayo de 2002

      Israel/Palestina: Cada vez peor

      El conflicto entre los dos nacionalismos ha ido a todo tren al menos desde la Primera Guerra Mundial. En 1945 ninguno de los dos estaba dispuesto a conceder ninguna legitimidad al otro; los nacionalistas árabes consideraban a los sionistas como intrusos sin derechos legítimos, y estos últimos pensaban que todo el territorio de Palestina debía ser el "hogar nacional judío". Los británicos, que eran quienes mandaban allí, parloteaban sin fin, pero en general casi todos los afectados y la mayoría de los analistas se inclinaban algo más del lado de los árabes que del de los sionistas.

      En el debate político mundial de 1945-47, los árabes estaban en una situación débil. Muchos dirigentes árabes (y en particular el gran Mufti de Jerusalén) se habían alineado junto a las potencias del Eje. Los sionistas contaban con la ventaja del sentimiento de culpa europeo por el exterminio nazi de los judíos. La Unión Soviética quería ver a los británicos fuera de Oriente Medio, y lo mismo sucedía de hecho con Estados Unidos (aunque no lo decían). En cualquier caso, los británicos habían iniciado una retirada general, no sólo de Palestina sino igualmente de Grecia y Turquía.

      Así pues, cuando los británicos anunciaron que renunciaban al protectorado, las Naciones Unidas votaron abrumadoramente por la partición del territorio; sólo los Estrados árabes y pocos más se opusieron a esa resolución. Los sionistas aceptaron de mala gana la partición (con aquellas insensatas fronteras iniciales), pensando que lo esencial era tener un Estado, cualquier Estado, desde el que poder plantear más adelante sus reivindicaciones. Aquella decisión se reveló muy sagaz desde el punto de vista político; cuando se declaró la independencia el 15 de mayo de 1948, los Estados Unidos y la Unión Soviética compitieron por ver quien era el primero en reconocer la independencia.

      Los Estados árabes, en ausencia de un movimiento nacionalista palestino en marcha, decidieron lanzarse a una guerra que perdieron, y las fronteras se desplazaron en beneficio del Estado independiente de Israel. Jordania y Egipto se anexionaron las porciones de territorio que Israel no controlaba. Como es sabido, hubo todavía otras dos guerras entre Israel y los Estados árabes, en 1967 y 1973, al cabo de las cuales Israel se había hecho con el control de Cisjordania y la franja de Gaza, respectivamente (conquistando además el Sinaí y los altos del Golán). La Organización de Liberación de Palestina, encarnación organizativa del nacionalismo palestino, se fundó en 1964, pero no cobró importancia hasta la guerra de 1967. Yasser Arafat se convirtió en su líder máximo en 1969.

      La primera interrupción en las hostilidades fue el Acuerdo de Camp David de 1978 entre Egipto e Israel, que condujo a un tratado de paz y a la devolución del Sinaí a Egipto. Fue el comienzo de una nueva fase de la lucha entre los dos nacionalismos. Desde 1945 hasta 1978, ambas partes manifestaban una posición absolutista. Los israelíes argumentaban, como en aquella famosa frase de Golda Meir, que no existía nada a lo que se pudiera llamar Palestina (o que en todo caso se trataba de una parte de Jordania). En consecuencia, no había ningún Estado palestino que situar en la zona que había estado bajo el mandato británico. Y la declaración fundacional de la OLP rechazaba el derecho a la existencia del Estado de Israel.

      El período entre 1978 y 2000 fue el tiempo de los "moderados" –esto es, de aquellos que por ambas partes proclamaban que era posible un compromiso, que podía haber allí dos Estados en paz. Por supuesto, cada bando esperaba que fuera la otra parte la que hiciera mayores concesiones, pero al menos los líderes de una y otra parte (la mayoría de ellos), con el apoyo de sus poblaciones (o al menos de gran parte de sus poblaciones) hablaban de paz. El momento cumbre de ese período fue el de los acuerdos de Oslo. Evidentemente, había quienes, en uno y otro bando, los rechazaban, incluso absolutamente y con violencia; pero las principales potencias mundiales y probablemente la mayoría de los israelíes y palestinos pensaban que Oslo podía funcionar, y más o menos querían que funcionara.

      No fue así. Todos andan ocupados estos días echando la culpa a unos u otros. Los malvados principales son Ariel Sharon y Yasser Arafat, pero hablando francamente, ¿a quién le importa? Ya que después de Oslo lo que vino fue la guerra actual. El gobierno y las fuerzas armadas israelíes entran en las áreas palestinas y hacen allí cuanto creen justificado; como son militarmente más fuertes que los palestinos, pueden infligirles daños considerables. Los palestinos, más débiles, se lanzan a operaciones suicidas. Y no parece detectarse ni el menor signo de que eso pueda tener fin en un próximo futuro.

      Y también está cambiando el vocabulario de todo el mundo. El Likud acaba de decir públicamente lo que todos sabíamos que pensaba en privado: que nunca habrá un Estado palestino. Y parte de los activistas palestinos están volviendo a las consignas de "¡muerte a los judíos!". En cuanto el mundo exterior, también se está produciendo una modificación notable. En el período 1945-1978, en el mundo occidental, el apoyo a Israel se localizaba en gran medida en la izquierda del centro (donde se hallaban igualmente la mayoría de los judíos del mundo). La derecha tendía a ser proárabe, a menudo simplemente por la herencia antisemita recibida. A partir de 1978, podo más o menos, las cosas comenzaron a cambiar. El campo proisraelí se fue desplazando hacia la derecha del centro (incluso hacia la extrema derecha), como lo hacían igualmente los judíos de todo el mundo y el propio Israel, mientras que la izquierda del centro, a escala mundial, se desplazaba hacia una simpatía cada vez mayor por la causa palestina.

      Desde que al parecer hemos entrado en un período de guerra incesante y sin límites en Israel/Palestina, los ánimos están inflamados. Lo que en otro tiempo eran opiniones insultantemente extremistas se están haciendo ahora el pan de cada día, La tolerancia limitada en cada uno de los campos "moderados" o " pacifistas" , que había florecido un tanto después de 1978, parece ahora haber sido barrida por la violencia de 2001-2002, tanto en Israel como en el resto del mundo. Y la lucha parece estar extendiéndose desde aquella región hacia confrontaciones cada vez más terribles entre quienes les apoyan en el resto del mundo.

      Quienes tienen el valor y la inteligencia de defender, aun en medio de una pelea cada vez más sucia, la solución de los dos Estados, dos Estados de igual tenor legal poco más o menos en las fronteras de 1967, son cada vez menos y peor tratados e todas partes. Estados Unidos, combatiendo a sus propios demonios, ha abandonado cualquier pretensión real de ecuanimidad, y se está asegurando de que ningún otro pueda desempeñar su papel.

      El peligro a corto plazo está en los halcones israelíes. Tienen los cañones (y las armas nucleares) y el 99% del apoyo estadounidense. Pero a medio plazo las amenazas se reparten por igual para todos, y nadie queda libre de ellas, ni los israelíes, ni los palestinos, ni los judíos, ni los árabes, ni los propios estadounidenses. Y no olvidemos que pronto puede haber quien emplee armas nucleares tácticas.

      Immanuel Wallerstein (15 de mayo de 2002).


      © Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.

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